jueves, 26 de junio de 2014

LA OBRA DE UNA IGLESIA PROSPERA CUANDO DESPIERTAN LOS DORMIDOS

Esdras 1:5 dice: Se levantaron todos aquellos cuyo espíritu Dios despertó. No dice: Se levantaron los más capacitados. No dice: Se levantaron todos los líderes. A la convocatoria respondieron todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios. Mientras estaban dormidos, no hubo iniciativas ni movimiento.

El que duerme quizá sueña que está empeñado en una gran empresa y que está haciendo maravillas. En sueños, se cree al frente de todos, avanzando. Pero el que duerme no da un paso. Un héroe como Sansón, mientras duerme, quizá sueña que se encuentra cosechando triunfos y cubriéndose de gloria. ¡Y no ve que todo lo va a perder por dormir! (Jueces 16:15-21) Un caudillo como Saúl, mientras duerme, quizá se deleita viendo en sueños a sus enemigos bajo sus pies. ¡No se da cuenta que, por dormir, le están cortando un pedazo a su capa! (1 Samuel 24:3,4 Mateo 26:40,41) Basta que un ejército de gigantes duerma para que un puñado de enanos se levante con la victoria.

Dios tuvo que despertar a Su pueblo. El mal no era que fuesen pocos ni de escasos recursos. El mal era que estaban con flojera en el alma. ¡El sueño del conformismo los había anulado a todos! ¡Habían llegado a acostumbrarse a la idea de ser un pueblo sometido, a vivir en ruinas! Dios tuvo que despertarles. ¡Y entonces sí que hubo deseos de trabajar, de hacer algo hermoso, de emprender iniciativas!

¡Cómo nos amonesta Dios contra el sueño de la despreocupación! (Proverbios 6:9-11 10:5 Juan 4:35) De Jonás, el profeta, llega a decirnos la Biblia que, cuando los que con él navegaban se sentían perecer y clamaban desesperados, él, el profeta de Dios, dormía en un rincón del barco. ¡Despierta, dormilón -le dicen-, clama a tu Dios! (Jonás 1:5,6) ¡Qué amonestación! ¡Qué triste es que cuando más necesita el mundo de nuestro celo y de nuestro testimonio, estamos durmiendo, perdiendo nuestras mejores oportunidades de testimonio!

Jesús nos cuenta de un hombre que había sembrado su campo, y mientras dormía, vino el enemigo y sembró cizaña. (Mateo 13:25) De haber estado despierto, posiblemente el enemigo no habría podido sembrar cizaña. ¿Nos lamentamos por la cizaña de error que en el mundo hay? ¿Habría sembrado Satanás cizaña si nosotros hubiésemos sabido mantenernos vigilantes y no dormir? La obra de Dios en el mundo, el testimonio del evangelio, sólo prospera cuando despierten los dormidos.

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